emergencia social

14/06/2013

Hace unos años, no muchos, el concepto de desnutrición infantil nos devolvía la mirada, a través de la televisión, de un niño africano desnudo y con el vientre hinchado por la mala alimentación. Hoy, nos devuelve la mirada de un niño andaluz, catalán, canario o valenciano que necesita ir al colegio más para comer que para aprender.

Hace unos años, no muchos, se hablaba de la alimentación de los escolares poniendo el énfasis en los problemas de obesidad infantil provocados por una mala alimentación. Hoy, se sigue hablando de la mala alimentación de los menores pero porque la presencia de niños malnutridos es una realidad en las escuelas.

Hace unos años, no muchos, se alternaban periodos de trabajo y paro y los momentos de transición eran compensados con los ingresos de la prestación por desempleo. Se afrontaba la situación y la vida se planteaba en una dicotomía laboral de ocupado-parado donde los periodos sin ningún tipo de ingresos no solían ser largos. Hoy, cada vez hay más personas que agotan la prestación y los posteriores subsidios por desempleo y se ven abocados a una existencia sin ingresos y, lo que es peor, sin perspectivas de reinserción laboral. Abocados a un futuro ciego. Muy negro.

Hace unos años, no muchos, había pobres en las calles de las ciudades españolas. Eran transeúntes, personas que vivían al margen de la sociedad en el mismo centro de las ciudades. Eran identificables por su aspecto, por su mal aspecto, y otros transeúntes, personas que transitaban por la calles, se apartaban de su camino para no cruzarse con ellos. Hoy, sigue habiendo pobres en las calles. Más. Muchos más. Sin embargo, ya no todos son tan identificables. El perfil del pobre ha cambiado y personas que hace pocos años pertenecía a la clase media, hoy están en la parte más baja de la sociedad. Y ese descenso al infierno les avergüenza.

Hace unos años, no muchos, las personas que no tenían casa y vivían en la calle eran los ‘sin techo’. Vivir en la calle era la máxima expresión de pobreza y exclusión social. Eran personas solo con presente porque el futuro ni se lo planteaban. Hoy, las personas pierden sus casas y se encuentran de la noche a la mañana prácticamente en la calle: son los desahuciados. Personas que tenían un presente pero que ya es pasado y abocados a un futuro de incertidumbre y deudas con el banco.

La situación en España se ha degradado tanto en los últimos 5 años que se comienza a hablar de emergencia social. Es una realidad tan visible que ciega. Y esa ceguera parece que paraliza a los partidos políticos, incapaces, una vez más, de actuar de manera conjunta ante un problema nacional de tal envergadura que no debería formar parte de la disputa partidista. Se requieren medidas inmediatas y, sobre todo, eficaces.

Nos enredamos en debates y diatribas sobre el paro, la pobreza y la desigualdad cuando deberíamos hablar de parados de larga duración sin ingresos, de pobres en situación de exclusión social y de personas en situación de desigualdad de oportunidades. En una palabra: hablar de personas. De personas pobres en dinero pero ricos en dignidad. Por justicia social.

Por cierto, ¿se han fijado en que los asuntos de pobreza y hambre aparecen en la sección de ‘Sociedad’ y no en la de ‘Economía’ en los periódicos? ¿Acaso este aumento de la pobreza y del hambre no es una consecuencia más de la crisis económica? ¿Significa esto que las medidas para acabar con la pobreza quedan fuera de la política económica? Pues eso tiene un nombre: caridad y beneficencia. Y suena muy rancio.

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más paro, más pobreza, más desigualdad

27/03/2013

Que la situación económica de España es crítica nadie lo duda.

Llevamos meses con un aluvión constante de noticias, informaciones, cifras y opiniones sobre la impagable deuda, la creciente prima de riesgo, el caótico sistema financiero, el insostenible déficit público y, en consecuencia, la imperiosa necesidad de recortes sociales y de la sacrosanta austeridad en las cuentas públicas.

De lo que se habla menos es de la crítica situación social del país. De la crítica situación en la que se encuentran cada vez más personas.

O se hablaba menos, porque en las últimas semanas ha aparecido una terna de informes que ponen el acento en la situación de las personas y no en la situación de la macroeconomía.

Las publicaciones son las siguientes:

– ‘Estructura social y desigualdad en España‘ de José Saturnino Martínez García.

– ‘Informe sobre la Desigualdad en España 2013‘ de la Fundación Alternativas.

– ‘Desigualdad y derechos sociales‘ de la Fundación Foessa.

Solo con los títulos ya podemos ver cuál es la situación en la que nos encontramos: la crisis económica está generando más y más desigualdad en España.

Veamos, sin ánimo de ser exhaustivos, algunos indicadores de tres variables sociales fundamentales en la España actual: paro, pobreza y desigualdad.

1 – Paro

El desempleo ha alcanzado niveles históricos (26% de tasa de paro) y la ocupación sigue cayendo con lo que no parece que hayamos tocado techo en las cifras de paro. En niveles de ocupación (se han perdido más de 3,5 millones de empleo desde el comienzo de la crisis) hemos vuelto a valores de 2003, por lo que podemos hablar sin temor a equivocarnos de una década perdida en este punto.

En total uno de cada cuatro trabajadores que quieren trabajar no encuentran empleo (más del doble que la media de la Unión Europea), porcentaje que supera el 50% entre los activos menores de 25 años. Además, no solo hay más gente en desempleo sino que el tiempo durante el cual las personas no tienen trabajo también es más prolongado. En 2012 más de la mitad de los parados llevaba en desempleo más de un año (parados de larga duración).

Por otra parte, en casi dos millones de hogares en España (que suponen el 10% del total) todos sus activos están en paro, abocando a éstos a una situación de vulnerabilidad social muy preocupante.

2 – Pobreza

En 2011, según la Encuesta de Condiciones de Vida 2012, la tasa de pobreza relativa se sitúa en el 21% de la población (porcentaje de hogares con ingresos inferiores al 60% de la mediana).

También se ha incrementado de manera muy notable el número de hogares en situación de pobreza severa (con rentas inferiores al 30% de la mediana). En este punto se puede señalar que se ha duplicado el número de hogares sin ingresos (no se percibe ningún tipo de renta por trabajo, prestación por desempleo o subsidio por parte de la Seguridad Social), pasando de los 300.000 a mediados de 2007 a los más de 630.000 en 2012. En porcentaje se ha pasado de un 2% a un 3,7% del total de hogares en situación de gran necesidad.

A esto hay que añadir los indicadores de privación multidimensional como son no tener la capacidad de hacer frente a gastos imprevistos, no tener capacidad de ahorro, no poder pagar la calefacción o adquirir ciertos productos,… En todos estos casos los porcentajes de hogares que se encuentran en estas situaciones no han dejado de crecer en los últimos cinco años.

3 – Desigualdad

En renta per cápita (renta nacional disponible a precios de mercado) en 2012 los valores son similares a los de hace más de una década. Por eso se habla de una década perdida: en 2012 los españoles recibieron de promedio una renta de 18.500 euros, cifra que está por debajo en términos de capacidad adquisitiva de la que recibieron en 2001. A esto hay que añadir el incremento del coste de la vida incluso en tiempos de crisis, lo que acentúa el problema.

Es evidente que la crisis no está afectando de manera homogénea a todos los estratos sociales. El problema no es solo que las rentas disminuyan sino que además lo hacen en mayor medida entre las rentas bajas lo que provoca que se incremente la desigualdad social.

En definitiva, todos estos datos indican que no solo hay más pobreza y más desigualdad sino que además estas son más intensas, alcanzado niveles que son muy difíciles de reducir. Existe la posibilidad real de que la recuperación de la economía y del empleo sean insuficientes para recuperar los valores previos a la crisis, de manera que este incremento de la desigualdad, lejos de ser una consecuencia coyuntural de la profunda crisis y recesión que está viviendo la economía española, se convierta en algo estructural y característico de la sociedad española que viene.

Y lo que es peor: la función protectora del estado de Bienestar se está debilitando. Nos encaminamos hacia un futuro donde el acceso a los derechos sociales será cada vez más difícil y restringido.

El presente y el futuro no son halagüeños, y el camino hacia la igualdad se prevé largo y lleno de obstáculos. Pero habrá que recorrerlo.