de jefes y líderes

05/06/2013

En cualquier momento, pero más en la actual situación de crisis la forma de dirigir las empresas puede ser decisiva para la viabilidad y el futuro de la misma. Cuando la economía crece, el crédito fluye y el consumo es dinámico, la tarea de dirigir una organización es más sencilla. Con el viento a favor es más fácil gobernar el barco.

Sin embargo el problema surge cuando cambia la dirección del viento y nos da de lado, modificando nuestra trayectoria; o nos da de frente, frenando la velocidad o incluso  haciéndonos retroceder. El mal tiempo requiere de una nueva visión de la organización empresarial y de los papeles de las personas que forman parte de ella, empezando por los directivos y gestores que son los que tienen que gobernar la nave.

Y estos gestores pueden actuar como jefes o como líderes. Las actitudes y habilidades directivas de uno y otro son diferentes. Muy seguramente los resultados empresariales también.

A continuación algunas diferencias entre ambos perfiles:

El criterio básico de dirección

El jefe, como poseedor del conocimiento y la experiencia en el funcionamiento de la empresa, basa su dirección exclusivamente en la orden y su criterio es el único válido. Toma todas las decisiones y espera los resultados como algo consecuente y automático a la decisión tomada. Su perfil es el de conseguidor.

Por su parte el líder fundamenta su dirección en la instrucción, actúa como guía sirviéndose de su conocimiento y experiencia que comparte con los mandos medios y los empleados. Implica a los trabajadores en la toma de decisiones. Su perfil es el de facilitador.

El vínculo con la empresa

El jefe tiene una visión de la empresa como posesión y por lo tanto fundamenta el vínculo con la organización en la decisión personal y el beneficio individual. La empresa es lo que dice el organigrama y solo lo que ocurre de puertas para adentro; y solo el tiene la llave para abrirla. El jefe es primera persona del singular: Yo.

El líder entiende la empresa como organización colectiva a la que pertenece, bajo objetivos comunes y compartidos por todos los miembros de la misma. La empresa es lo que dicen las personas y lo que pasa tanto dentro como fuera; y todos tienen la llave para abrir la puerta. El líder es primera persona del plural: Nosotros.

El vínculo con los trabajadores

El jefe se preocupa por la las cosas, no por las personas. Esto hace que los trabajadores sean meros ejecutores de órdenes para la consecución de un resultado. La relación es por lo tanto exclusivamente vertical y descendente: no hay colaboración. El jefe tiene empleados.

El líder actúa como ejemplo ante los trabajadores que reconocen en él la senda a seguir. Fomenta la opinión, la participación y la autonomía de los equipos de trabajo. Genera confianza que se traduce en una mayor implicación de los trabajadores en el devenir de la organización.  El líder tiene colaboradores.

La forma de comunicar

El jefe entiende la comunicación exclusivamente como un proceso vertical, unidireccional y descendente, por lo que considera que no tiene que argumentar o justificar sus órdenes y decisiones. No fomenta el intercambio de opiniones ni con su figura, ni entre los trabajadores. El jefe habla.

El líder no habla, comunica. Expresa claramente lo que espera de sus colaboradores tanto a nivel individual como colectivo y da un constante feedback en esa relación. Promueve el intercambio de ideas y opiniones en libertad y confianza, lo que se traduce en conversaciones innovadoras.  El líder conversa.

La actitud ante el error

El jefe no admite el error. Las personas se equivocan, pero como hemos visto en un punto anterior el jefe no ve personas. Por lo tanto el error se reprende y se sanciona. Generalmente utilizando malas formas y donde el respeto suele brillar por su ausencia. El jefe castiga.

El líder acepta el error como parte sustancial a la actividad de sus colaboradores. El error se analiza, se buscan alternativas y se soluciona. Lo que no está permitido es no subsanar el error. El líder corrige.

La actitud frente a la consecución de objetivos

El jefe ve la consecución de los objetivos marcado por él como una obligación de los empleados, y por lo tanto ni se reconoce ni se recompensa el esfuerzo y la dedicación para su consecución. El jefe presume de sus éxitos.

El líder reconoce el esfuerzo y elogia la consecución de los objetivos por parte del equipo de trabajo. Los objetivos comunes se traducen en resultados compartidos. El El líder comparte los éxitos.

jefe_vs_líderFuente: cuantarazon.com

Que uno es jefe lo pone en la tarjeta de visita. Que uno es líder lo demuestra cada día.


rehenes, apóstoles, defraudados y mercenarios

07/11/2011

Los sociólogos distinguen cuatro perfiles de votantes en función de la lealtad a su ideología y la confianza en el líder político que se presenta.

De esta manera dividen a los votantes en los siguientes perfiles:

1. Rehén: es leal a su ideología pero no tiene confianza en su líder.

2. Apóstol: es leal a su ideología y además confía en su líder.

3. Defraudado: no es leal a su ideología y no confía en los líderes políticos.

4. Mercenario: no es leal a su ideología y vota en función del líder.

La falta de confianza en los líderes políticos es manifiesta y así se observa en los barómetros del CIS que se publican periódicamente. En el último, Barómetro CIS octubre 2011, la confianza de los españoles en los principales candidatos a la presidencia del Gobierno de España vuelve a estar bajo mínimos. El 71,7% de los españoles tiene poca o ninguna confianza en Mariano Rajoy; mientras que en el caso de Rubalcaba este porcentaje alcanza el 69,3%.

Sin embargo creo que resulta más interesante observar los datos relacionados con el posicionamiento ideológico de los españoles, que también se presentan en el Barómetro de Octubre.

Preguntados por el partido o coaliciones por los que sienten más simpatía o consideran más cercano a sus propias ideas, los datos son idénticos entre PSOE (25,4%) y PP (25,2%). Un 22,4% no manifiesta ninguna simpatía por ningún partido o considera que ningún partido responde a sus ideas. Suponen casi uno de cada cuatro españoles.

Si se suman las variables voto+simpatía aparecen las primeras diferencias ya que un 33,4% se acerca al PP (junto a los partidos PAR y UPN con los que se presenta en coalición en Aragón y Navarra respectivamente), mientras que el PSOE alcanza el 24,9%. Es decir prácticamente nadie que no sienta cierta simpatía por el PSOE votaría por este partido, mientras que en el caso del PP, sí se da la posibilidad de que electores que no tienen simpatía por el PP o no son cercanos a sus ideas, vayan a votar al partido conservador.

Los porcentajes prácticamente se repiten en el caso de quién le gustaría que ganara, ya que un 21,7% se decanta por el PSOE y un 33,5% el PP. El votante socialista quiere que gane su partido,precisamente por eso, porque lo considera su partido por simpatía e ideología. El votante del PP, le sea próxima o no la ideología conservadora, aspira a que su voto sea útil.

Cuando el posicionamiento ideológico se desvincula de siglas políticas, y observamos el autoposicionamiento, los datos son todavía más interesantes.

Respecto a la dicotomía izquierda-derecha en un continuo entre el 1 (extrema izquierda) y el 10 (extrema derecha),observamos como la mayoría de los españoles (32,4%) se sitúa en el centro político (5-6), mientras que el 26,1% se declara de izquierdas (3-4) y el 13% de derechas (7-8). Si sumamos los valores extremos, la izquierda política aglutina al 34,7% de los españoles y la derecha política al 16,4%. Según estos datos hay el doble de españoles de izquierdas que de derechas.

Me llama la atención cómo sitúan los españoles a los partidos políticos en este mismo continuo del 1 al 10 entre izquierda y derecha. Al PSOE le dan una media de 4,17 (en el tramo de centro izquierda), mientras que el PP presenta una media de 7,87 (consolidado en la derecha ideológica). Entre los partidos conservadores es la nota más alta, por encina del 7,47 de UPN, el 6,37 de CIU o el 6,25 del PNV.

Si afinamos más en el autoposicionamiento, la opción mayoritaria es la de ‘socialista’ con el 15,1%, seguido de los ‘conservadores/as’ con el 12,9% y los ‘liberales’ con el 11,9%. En cuarto lugar los ‘progresistas’ con el 9,2%. Si agrupamos en dos bloques, izquierda y derecha, los resultados son los siguientes: Los españoles que se declaran de izquierda (incluye a los progresistas, socialdemócratas, socialistas, comunistas, feministas y ecologistas) alcanzan el 38,8%; mientras que los que se declaran de derechas (incluye a los conservadores, demócrata-cristianos y liberales) ascienden al 30,8%. Los españoles de izquierdas superan en 8% a los de derechas según esta clasificación, de manera que no coincide el autoposicionamiento numérico (escala del 1 al 10) con el autoposicionamiento cualitativo.

Después de todo esto, según el barómetro del CIS el PP obtendrá mayoría absoluta con el 46,6% de los votos frente al 29,9% del PSOE.

Según ésto, pues, el PSOE tiene más votantes rehenes y apóstoles; y el PP más votantes defraudados y mercenarios.

Hay un 31,5% de indecisos,y de éstos un 27,3% duda entre votar al PSOE o al PP (aunque hay que señalar que un 39% no manifiesta las opciones de su duda). ¿Qué perfil adoptarán finalmente estos votantes?