precisiones conceptuales en las cifras de paro

No será porque no se hable y se escriba sobre el drama del desempleo en España. O quizás precisamente porque se habla y se escribe mucho del tema. La cuestión es que no siempre se hace con precisión cuando se analizan las cifras del paro en nuestro país.

En España hay dos fuentes para medir el paro: las cifras de paro registrado que publica mensualmente el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), y los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que publica trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Respecto a las cifras de paro registrado hay que señalar que se trata del número de personas inscritas en los servicios públicos de empleo (el ‘estar apuntado al paro‘ de toda la vida) y que se consideran demandantes de empleo. En este punto hay que señalar que NO todas las personas inscritas se contabilizan para la medición del paro registrado, ya que se excluyen de éste todas aquellas demandas que al final del mes de referencia se encuentran en alguna de las siguientes situaciones: demandantes de pluriempleo, demandantes de mejora de empleo, participantes en trabajos de colaboración social, demandantes de un empleo inferior a 3 meses o con jornada inferior a 20 horas semanales, demandantes de empleo que estén cursando estudios o formación ocupacional (estudiantes), etc.

Cuando baja el paro registrado (como sucedió en los datos publicados relativos al mes de marzo) es habitual escuchar a tertulianos (es una batalla perdida) y, lo que es peor, a políticos (es un error imperdonable) equiparar el número en que ha descendido el paro con personas que han encontrado trabajo. Suelen ser expresiones del tipo: ‘aunque sea un descenso pequeño, es una buena noticia para las 5.000 personas que han encontrado trabajo‘. Y eso sencillamente no es así. Que baje el paro registrado significa que hay menos gente inscrita que se contabiliza (teniendo en cuenta los criterios que hemos visto en el párrafo anterior), pero no se puede extrapolar que todas esas personas hayan encontrado empleo.

Porque uno puede dejar de estar inscrito por haber encontrado empleo, por supuesto, pero también por no haber renovado ese mes la demanda de empleo por la razón que sea (fundamentalmente gente que no cobra prestación y que no tiene ninguna confianza en que el servicio público de empleo le encuentre alguna oferta adecuada a su perfil, y por voluntad propia u olvido no renueva la demanda). Del otro lado hay que tener en cuenta que las personas que se inscriben pueden hacerlo por haber perdido su trabajo ese mes, pero también cuentan las personas que se inscriben por primera vez al paro tras finalizar los estudios o se vuelven a inscribir tras un periodo de inactividad laboral (que no paro), y que figuran en las estadísticas como parados sin empleo anterior.

Es decir, cada mes hay más o menos gente inscrita en el paro que el mes anterior, pero la diferencia no significa que todas esas personas hayan encontrado trabajo, en caso de que baje; o que lo hayan perdido en caso de que suba. El dato es el resultado de tener en cuenta todas las posibles altas y bajas en la contabilidad del paro registrado.

La segunda fuente de medición del paro es la Encuesta de Población Activa (EPA), que es eso, una encuesta que mediante una muestra calcula el número de personas que no tienen trabajo (independientemente de que estén inscritas en su servicio público de empleo autonómico) y que hayan realizado acciones de búsqueda activa de empleo. Se trata por tanto de un concepto de parado más dinámico y en consecuencia ofrece una cifra de parados más próxima a la realidad que la del paro registrado. Y lamentablemente más elevada (casi 6 millones frente a los poco más de 5 millones de los datos del SEPE).

En este punto se habla mucho de las insoportables cifras de paro juvenil que arroja la EPA cada trimestre, y que no dejan de subir en los últimos años hasta alcanzar el 55,13% a finales de 2012. Respecto a esta cifra se pueden realizar un par de matizaciones que lejos de pretender minimizar lo dramático de la situación, si considero son necesarias para valorarla de una manera más objetiva.

Es necesario, en primer lugar, especificar que a efectos de estadística laboral solo cuentan los trabajadores (ocupados y parados) que tienen entre 16 y 24 años. Por otra parte, en la actualidad el concepto de ‘joven’ abarca un tramo de edad superior (incluso en algunas ocasiones se entiende la juventud como los menores de 35 años), por lo que al hacer referencia al paro entre los jóvenes (sin mencionar el tramo de edad al que no estamos refiriendo) puede provocar la sensación de que la situación afecta a un colectivo mucho mayor (si cabe) en términos absolutos del que realmente se trata.

En segundo lugar, hay que señalar que en términos relativos la tasa de paro juvenil es del 55%, lo que significa  que más de la mitad de los jóvenes menores de 25 años que están dispuestos a trabajar (y que por lo tanto buscan activamente empleo) no encuentran trabajo. NO significa que más de la mitad de (todos) los jóvenes españoles estén en paro, ya que la situación habitual de los menores de 25 años es estar formándose, y por lo tanto no están buscando trabajo (siendo población inactiva y no parada). Respecto al total, serían aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes los que están en el paro.

En muchas ocasiones se confunde población inactiva (personas que estando en edad de trabajar, o no pueden o no quieren trabajar) con población parada (personas en disposición de trabajar pero que no encuentran empleo). Y ocurre algo similar con la confusión entre población activa (personas que se han incorporado al mercado de trabajo, es decir, que tienen un empleo o que lo buscan actualmente) y población ocupada (parte de la población activa que efectivamente desempeña un trabajo remunerado). Esta segunda equivocación es especialmente sangrante en el caso de centros y consultoras de formación que confunden términos cuando ofertan ‘formación dirigida a activos del sector…‘, cuando en realidad es formación dirigida a trabajadores ocupados de un determinado sector. Se retratan estas organizaciones como verdaderos centros de deformación profesional para el empleo.

En definitiva, hablar con precisión no rebaja el drama del paro en España, pero es algo que debería ser obligatorio para analizar, valorar y atacar objetivamente una situación que, por tan dramática que es, requiere de la mayor precisión y competencia profesional de todos los actores (políticos, sociales y empresariales) involucrados.

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