la insoportable racionalidad del fútbol

Si te gusta el fútbol esta es una buena semana. Si, ademas, eres seguidor del Real Madrid o del Barça, esta es una gran semana. Yo soy de los segundos, de los seguidores. ¿Del Madrid o del Barça? Solo diré que no me desagradó ninguno de los dos resultados de los partidos de ida de las semifinales de la Champions.

El sábado se juega el derbi: el Barça-Madrid que puede decidir la Liga. Hace un par de días le pregunte a ‘cierta persona’, que no es seguidora de ninguno de los dos equipos, pero que sí le gusta el fútbol, si iba a ver el partido y quien prefería que ganara. Más allá de su preferencia por el resultado final, que no comparto, me dijo que seguramente si lo vería, pero que su interés no va más allá de lo que dura el partido “porque no dejan de ser 22 tíos que corren detrás de un balón”.

Entiendo lo que quiso decir pero me llamó la atención que terminara su razonamiento con un argumento que suele ser el típico de aquellos a quien no solo no les interesa el fútbol sino que tampoco les gusta como espectáculo o simple entretenimiento: la explicación objetiva de que el fútbol no es más que unos tíos que corren dando patadas a un balón.

Objetiva y racionalmente el argumento es incuestionable. El fútbol, básicamente, consiste en eso: dos equipos de 11 jugadores con el objetivo de meter el balón en la portería más veces que el equipo contrario. Visto así, el fútbol es un espectáculo bastante soso y poco entretenido. A pesar de eso, reconozco que a mí me gusta el fútbol.

Y digo que me gusta porque, y en eso coincido con ‘cierta persona’, mi interés por el fútbol dura lo que dura el partido. Ver un partido de fútbol para mi es un tiempo de ocio y de entretenimiento, que es más o menos divertido en función de la calidad del partido. Hay una máxima del fútbol que dice que ‘lo que pasa en el campo se queda en el campo‘. Como aficionado hago lo mismo. Lo que no hago es racionalizar lo que ocurre en el partido. De esa manera soy capaz de ver algo más que 22 tíos corriendo tras un balón.

Para intentar entender mejor este planteamiento hagamos la prueba de aplicar la misma técnica racionalizadora a otros espectáculos y manifestaciones artísticas considerados culturales frente a la incultura y barbarie futbolera.

El cine, por ejemplo. Todos hemos estado con alguien o hemos visto a alguien que llora en el cine mientras ve una película. Nunca se me ha ocurrido decirle a esa persona: ‘pero,… ¿por qué lloras? Si no es real, si no ha pasado de verdad. No ha muerto nadie, todos están bien…’. Seguramente esas mismas personas que lloran en la sala de cine viendo una ficción, son capaces de ver las noticias sobre hambrunas reales, matanzas reales, catástrofes reales,… dramas reales en una palabra, mientras comen relajadamente en su casa… y sin derramar una sola lágrima.

También los hay que aplauden efusivamente al finalizar la proyección de la película. Sin embargo, nunca se me ocurriría decirles a esas personas: ‘pero,… ¿a quién aplaudís? No os dais cuenta de que no están en la sala ni el director, ni los actores, ni las actrices… ah!, que aplaudís al encargado de la proyección?,.. entonces vale…’.

Donde también se aplaude mucho, por lo que me han dicho, es en el teatro. Tampoco lo entiendo: al fin y al cabo, el teatro consiste en un grupo de personas que memorizan un texto y que luego lo recitan delante de un público. Memorizar las cosas no tiene mérito, lo que importa es entender las cosas y ser capaces de exponerlas con tus propias palabras, demostrando así que has comprendido lo que has leído. ¿Por qué entonces los aplausos y el reconocimiento a la labor de los actores y acrices?

Un espectáculo que tienen especial predicamento entre los verdaderos aficionados a las artes plásticas y gentes de alto status cultural es el Circo del Sol. No lo entiendo: no dejan de ser un montón de trapecistas con vestuario y maquillaje llamativos. Pero trapecistas al fin y al cabo. El espectáculo consiste, fundamentalmente, en una serie de piruetas que han sido ensayadas y repetidas hasta la extenuación, sin maquillaje y con chandal, en sesiones eternas de entrenamiento. A la perfección por la vía de la repetición.

Está claro, en definitiva, que cuando se racionalizan determinados espectáculos y entretenimientos pierden cierta gracia y encanto.

La cuestión es por qué lo hacemos con el fútbol y no con los demás

PD. Querido aficionado al fútbol: por favor, no se te ocurra cantar (mal y berreando) mientras ves un partido porque eso es de brutos. Déjalo para el karaoke, que eso sí es gracioso y divertido.

Anuncios

2 Responses to la insoportable racionalidad del fútbol

  1. Cierta Persona dice:

    Discrepo!! Un pelín demagógico… No me irás a decir que el fin de un partido de X deporte o juego es el mismo que el de un cuadro, un libro o una película. No es comparable.

    • Está llevado al extremo pero no creo que sea demagógico. Y sí que creo que como espectador, reitero: como espectador, el deporte y un libro o una película tienen el mismo fin: el entretenimiento. Cada cual valora mejor el entretenimiento que más le gusta, pero no hay niveles. Yo puedo ver una película contigo y que a ti te guste y a mí no, ¿quién tiene razón en ese caso? ¿Es preferible ver una película o leer un libro que no te gusta a ver un partido de fútbol que si lo haga?…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: