poesía y prosa de las relaciones laborales

El domingo pasado, leyendo este reportaje de El País titulado ¿Por qué cuesta tanto llevarse bien con el jefe?, descubrí una profesión. La primera protagonista del artículo se presenta como Directora de personas y valores. Y ¿qué hace exactamente una Directora de personas y valores? Pues, al parecer, “ser cómplice del bienestar de los colaboradores”.

Ella dice estar comprometida con demostrar a otras empresas que no hay nada más eficiente y sostenible que hacer precisamente eso: fomentar el bienestar de los colaboradores. Cuando habla de colaboradores se refiere a trabajadores, pero al parecer ese concepto (trabajador) es poco eficiente y sostenible en esto del new management. Colaborador suena mucho mejor, sin duda. Más connotativo. Más poético.

Todo esto viene a cuento de que muchos… empleados se sienten tratados como máquinas y detestan su lugar de trabajo y de que los jefes, por su parte, se quejan de la falta de motivación y de eficiencia de sus… colaboradores. Nótese el sutil matiz de que en la primera frase hablamos de empleados (como sinónimos de máquinas) y en la segunda, cuando hablamos de motivación, hemos mutado en colaboradores.

La clave la encontramos, según los expertos, en la falta de compromiso de los trabajadores,… perdón, colaboradores con su empresa. Según la Asociación Española de Directivos de Personal (Aedipe), seis de cada diez empleados, el 63 por ciento, de las compañías no está comprometido en estos momentos con su organización.

Claro que ellos, los expertos digo, tampoco lo llaman ‘compromiso’, lo denominan ‘engagement‘. También, sin duda, mucho más poético y evocador. Tanto, que son capaces de organizar una Jornada bajo el título de “¿Amor al trabajo?: Employee engagement y productividad”. No me digan que no es pura lírica.

Detrás de ese ostentoso título la verdad es que hay poco, ya que reconocen que “es difícil medir el grado de engagement de las personas de una empresa”. Entonces, ¿si no podemos medirlo como podemos valorarlo? Yo tampoco lo sé, pero eso no importa porque añaden que “sí sabemos que aquellas que se implican emocionalmente con ella son un 4% más productivos”. Vamos, que igual que han dicho un 4%, podrían haber dicho un 10%, un 20% o un 40% más productivos. Básicamente porque tampoco sabemos medir y cuantificar la productividad de un trabajador.

¿Cómo lograr, entonces, que los colaboradores se impliquen emocionalmente con la empresa? Sencillo. Simplemente “es necesario generar cultura organizacional que favorezca la conexión de la gente con el proyecto”. Pues eso, poesía.

Algunos trabajadores (aquí sí) reconocen “rendir por debajo de sus posibilidades y capacidades, haciendo el mínimo esfuerzo para cumplir con sus obligaciones profesionales”. En cualquier caso cumplen con sus obligaciones. Eso debería ser suficiente. Pues no: según los expertos hay que “convertir a los empleados en gente que va más allá de sus obligaciones”. Entonces, y solo entonces, parece ser que estarán verdaderamente motivados y comprometidos con la empresa. Es lo que tiene el lenguaje denotativo. Pura prosa.

Si esto no es suficiente, ya se ha encargado el Gobierno del PP de dar una vuelta de tuerca para fomentar la motivación y el compromiso con la empresa de (ahora) los simples asalariados: se introduce más inseguridad para todos los trabajadores, lo que, en su personal interpretación, incentivará el esfuerzo y la productividad.

La reforma laboral es pura motivación. Pura prosa.

Lo demás, poesía.

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