me gusta el fútbol y me interesa la política

Hace ya bastantes años, hablando de fútbol, una persona me dijo una frase que me gusto mucho y que desde entonces  hice mía: “A mí el fútbol me gusta pero no me interesa; la política no me gusta pero me interesa”.

Empezaré por la segunda frase. La política me interesa, a mí y a cualquiera que haya estudiado sociología. Y, por supuesto, a muchísima gente más. Leo sobre política, opino sobre política, discuto sobre política y, a veces, escribo sobre política en este blog. Algunos pensarán que con todo esto, no solo me interesa la política sino que también me gusta. Si fuera así, que no lo es, militaría en algún partido o formaría parte de algún colectivo. Participaría de forma activa en alguna organización política. Mi interés se queda en ver los toros desde la barrera.

Con el fútbol me pasa lo contrario. Reconozco que me gusta, y mucho. Y me entretiene. Eso sí, mi atención sobre el fútbol desaparece cuando termina la tertulia de después del partido. Reconozco que, como sociólogo, no puedo obviar que el fútbol es un fenómeno social de primer orden. Pero hasta cierto punto.

Leo esta mañana, estupefacto, que CiU e ICV se quejan a la Comisión Europea que el juez de competición no sancione el pisotón de Pepe. ¿Estamos locos o qué? El argumento de la consulta es peculiar, ya que preguntan al Ejecutivo comunitario si “cree que estos hechos tan graves vistos por millones de personas y de niños deben quedar impunes”. Los niños, ay, los niños. Vivimos en un país donde los niños tienen como modelos sociales a futbolistas cuasi analfabetos, y al parecer esto tiene que ser protegido y defendido por las altas esferas políticas.

Más aún, los dos eurodiputados catalanes recuerdan a Bruselas que “el deporte tiene un gran impacto para la sociedad en general y su importancia social, educacional y cultural lo convierten en un activo muy importante a preservar y, por tanto, a poner en valor “. Pues hombre, atribuirle al fútbol profesional una importancia educacional y cultural tal que lo convierta en un activo a preservar me parece muy, pero que muy excesivo. Sobre todo si tenemos en cuenta que estos eurodiputados representan a una comunidad (Cataluña) que está realizando unos durísimos recortes en sanidad y educación, pero al parecer no hay que preservar y poner en valor la sanidad y la educación públicas, sino el fútbol. Ese fútbol que tanto siguen nuestros niños y que mientras vemos no nos acordamos de los recortes sociales o de la subida de impuestos.

Lo dije en otro post a vueltas con las caricaturas en que se están convirtiendo Pepe, precisamente, y Mourinho en el Real Madrid: más allá de lo deportivo no tenemos que caer en la tentación de convertir todo lo que ocurre en el fútbol en ejemplo de la sociedad, ni mucho menos, convertir a los jugadores y entrenadores en modelos sociales con una responsabilidad pública en todos sus actos. Ni en los buenos ni en los malos.

Por el contrario los políticos si deben ser modelos sociales, ya que nos representan, y por supuesto tienen una responsabilidad pública en todos sus actos. Y eso sí nos interesa a todos. Aunque no nos guste.

Y lo dejo aquí que va a empezar el partido.

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