las “fabricinas”

El palabro que da título al post quiere denominar a aquellas empresas  de servicios que presentan un sistema de producción industrial. Son las oficinas que funcionan como fábricas: las fabricinas.

Me refiero a aquellas organizaciones que dicen prestar servicios pero que realmente fabrican servicios en forma de productos que ofrecen a sus clientes. Las verdaderas empresas de servicios ofrecen precisamente eso, un servicio, una forma de trabajar que garantiza que el resultado final es un producto de calidad. Las fabricinas ofrecen el producto resultante pero en ningún caso garantizan un proceso de calidad para llegar al resultado final. Las fabricinas no ofrecen servicios, ofrecen productos terminados.

El objetivo de una fabricina, único objetivo por otra parte, es entregar el producto terminado en tiempo y forma establecidos con el cliente. No importa cómo se llega a ese resultado, no importa el servicio, solo importa el resultado. En las fabricinas la evaluación de la idoneidad del sistema de trabajo es muy sencilla. Sólo tiene una pregunta: ¿se ha presentado el producto en tiempo y forma establecido? Generalmente la respuesta es afirmativa. Las fabricinas en ese sentido son empresas muy efectivas.

En las empresas de servicios encontramos técnicos cualificados que son los responsables de que el proceso de la prestación del servicio sea de calidad, y por lo tanto efectivo y eficiente. En las fabricinas también existen los técnicos, también están cualificados, pero no les suelen permitir ser responsables de nada, ni siquiera de su propio trabajo.

En las fabricinas los técnicos son tratados como peones industriales: tienen que producir, no pensar. Se tienen que limitar a conseguir que el trabajo salga adelante, más despacio o más deprisa en función de las necesidades. Son tratados como maquinas a las que se les puede acelerar o frenar el motor de producción. Son técnicos que pasan de un proyecto a otro como el operario que pasa de una maquina a otra y sigue produciendo.

En las fabricinas todas las actividades que no sean de producción material son irrelevantes y por lo tanto no se hacen: organizarse, planificar, evaluar (de verdad) el proceso, recabar la opinión de los técnicos en aspectos que competen a su trabajo, pararse a pensar cómo se podrían hacer mejor las cosas,… son sólo ladrones de tiempo que impiden seguir produciendo.

Por otra parte las fabricinas suelen ser bastante cínicas: hablan de innovación cuando su máxima es hacer siempre lo mismo de la misma manera, hablan de fomentar la iniciativa cuando son controladoras y no demuestran ninguna confianza en sus técnicos, hablan de trabajo en equipo cuando consideran que dos o más trabajadores alrededor de una mesa sin un jefe directo entre ellos es un acto de sedición, hablan de adaptación a los cambios cuando sienten un vértigo atroz ante las cosas que no dependen de ellas, hablan de  comunicación cuando son incapaces de que la información y el conocimiento fluya entre sus trabajadores, hablan de delegación cuando solo dan ordenes, hablan de compromiso ético cuando son incapaces de reconocer los derechos laborales de sus empleados, hablan de… tantas cosas. Hay que saber traducir el idioma en el que hablan.

Ese es su mayor problema: hablan demasiado, sólo hablan y no hacen nada de lo que dicen saber y saber hacer. Suelen ser perfectos ejemplos de ese dicho tan español de “dime de qué presumes y te diré de qué careces“. En el caso de las fabricinas este dicho es de una precisión quirúrgica.

Sin embargo las fabricinas suelen tener un elevadísimo concepto de sí mismas. Jamás reconocen cometer errores. Las equivocaciones son siempre de otros.

En un mundo tan cambiante, dinámico e impredecible como en el que nos movemos actualmente, las fabricinas no se encuentran cómodas. Su zona de confort se ve seriamente afectada y tratan de aferrarse a lo qué pueden y cómodo pueden, pese a que suelen vanagloriarse de ser capaces de moverse con eficacia en muchos y variados escenarios. No suele ser así.

No debemos olvidar que quien afirma tener gran capacidad de adaptación y de versatilidad, en muchas ocasiones no hacen si no dar vueltas en círculos, enormes giros de 360º que los llevan al mismo lugar de donde salieron. Terminan donde empezaron: principio y fin. Y además acaban mareados.

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9 Responses to las “fabricinas”

  1. Pizias dice:

    Entonces, en una fabricina ¿qué armas tiene el trabajador para dejarse oír? ¿Ninguna? ¿El panorama es tan desolador?

  2. Eres un fiera ornitorrinco. Enhorabuena por este artículo de suma calidad y de suma rigurosidad

  3. Solidaridad dice:

    Impresionante, ornitorrinco.Te superas cada día.
    Solo discrepo en algo de lo que dices: no estoy de acuerdo en que importe el resultado. Con que se entregue a tiempo es suficiente. Como sea, como salga, que si algo sale mal ya encontrarán a quién culpar. Y ni se te ocurra dar tu opinión o serás castigado por tus palabras… Eso sí, con una sonrisa siempre y en tono suave, que no se diga!

    • Puede ser que haya pecado de benevolente en ese punto, tienes razón. Lo de con una sonrisa y en tono suave … ¿siempre? Mira que “siempre” son muchas, muchas veces…

      • Solidaridad dice:

        Buena matización… Siempre son muchas veces… Dejémoslo en alguna vez. Lo que pretendía transmitir es la incoherencia que supone sonreir mientras se castiga… En fin, que no me molesto en ponerlo bonito: falsedad, cinismo, hipocresía y tiro porque me toca.

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