el 20-n por la noche, champán y mujeres

Esta rumbosa invitación no es mía, es del presidente del PP valenciano, Alfonso Rus, que animaba así a los suyos a celebrar la victoria de los populares en las elecciones del domingo: “Os espero el día 20 por la noche en Valencia, champán y mujeres“. Poco después matizaba, entre resignado y pícaro (la valoración es mía) , que se refería a las propias mujeres. Aún así, (la valoración tambien es mía), los afiliados y simpatizantes del PP valenciano viudos, divorciados y solteros que no tienen pareja, seguían aplaudiendo a rabiar y salieron del acto (comida-mitin, bien de vino) cantando la canción de Raffaella Carrá: ‘Fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta”.

Y es que la sensación de que la sede del PP valenciano se va a convertir en un Club de Intercambio de Parejas el domingo por la noche puede ser atractiva para más de uno. La previsible, por no mencionadas, ausencia de drogas también puede ser disuasoria para otros. Y es que, en política más que en cualquier otro ámbito, es difícil contentar a todos. Debido al alboroto que se creó por estas declaraciones, un día después, Rus pidió disculpas por “si alguien se ha sentido ofendido” , y añadio que “hemos de tener alegría, pero entiendo que pueda haber molestado“. Creo que se refería a los productores de cava autóctono por su imperdonable referencia al champán francés.

Sirva esta introducción para confirmar algo de lo que parece que nadie tiene dudas: la aplastante victoria del PP en las elecciones del 20-N. O mejor dicho: la aplastante derrota del PSOE. Y es que el PP va a ganar, arrasar incluso, en las elecciones, pero no por méritos propios, si no porque la crisis (y varias, por no decir bastantes, decisiones económicas impopulares y, a mi juicio, erróneas) le ha ganado la batalla al PSOE.

La campaña electoral ha servido para bien poco: plana, aburrida, muy larga para el PP (que se ve ganador desde hace meses) y prácticamente intranscedente para el PSOE (que se sabe perdedor desde hace los mismos meses). Convertida la campaña en un mero trámite, el PP ha caído en la autocomplacencia, en los comentarios irónicos, en las bromas e incluso en las descalificaciones personales. La situación económica del país no invitaba precisamente a ello, por muy ganadas que se tengan las elecciones.

Más allá de las obviedades y los discuros vacios de candidatos secundarios, resulta mucho más preocupante la indefinición y la ambigüedad exasperantes de Rajoy al referirse a los aspectos capitales de la economía, del empleo y de los derechos del Estado de Bienestar en España. En una entrevista en la cadena SER volvió a hacer gala de esta indefinición, cuando no torpeza en alguna de las respuestas como cuando fue preguntado por su hipotético ministro de Economía:

—Señor Rajoy, ¿tiene decidido el nombre de su ministro de Economía? ¿Sera ministro o ministra?

—Bueno… Eso depende…

—¿Depende de qué? No me haga eso.

—Bueno, es que…

—¿Pero lo tiene decidido?

—Sí, sí.

—¿Y es ministro o ministra?

—Oiga, pero, claro…

—¿Y el de Exteriores?

—Ese también es muy importante.

En otras ocasiones Rajoy ha manifestado que “es importantísimo dar la sensación de seriedad y fiabilidad” y que “la confianza se gana por un conjunto de cosas, tener un gobierno competente, gente seria al frente, gente que diga la verdad, que se explique, que se vea que se toman medidas“. Escuchando la entrevista no demuestra ni una cosa ni la otra. Eso no le va a impedir ganar las elecciones pero, desde luego, no genera la confianza de la que tanto le gusta hablar.

Si esto es preocupante, las palabras de María Dolores de Cospedal son inquietantes al augurar protestas “cuando el Gobierno diga todo lo que hay que hacer para sacar el país adelante“. ¿Cuando el Gobierno diga lo qué hay que hacer? ¿Por qué no lo dicen antes de llegar al Gobierno? Vaticina que las calles se llenarán de manifestantes y pancartas… pero ¿acaso no se protesta por lo que se considera injusto? Sus declaraciones parecen una amenza, muy poco velada, de que las tijeras están muy afiladas.

Se escuda en que “cuando uno tiene legitimidad para decirle a los ciudadanos lo que hay que hacer, los ciudadanos lo entienden”. Y la legitimidad la dan las urnas. Y el PP va a ganar las elecciones, pero los ciudadanos tenemos derecho a saber antes de votar cuáles son las intenciones de cada partido, y más las del que es seguro que va a gobernar. Porque primero se explican las cosas y después se dan las explicaciones.

La suerte está echada.

A pesar de estos (malos) augurios Rajoy, en Barcelona, notó a la gente alegre y contenta. Y ya se sabe que para vivir alegre y contento… ¡Eskorbuto al Parlamento!

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