adiós ETA, agur ETA

Lo primero: el recuerdo de las 829 personas asesinadas por ETA en 50 años de histeria terrorista. Militares, guardias civiles, policías, políticos, jueces, periodistas y centenares de personas de a pie.

20 de octubre de 2011. El día que ETA anunció el “cese definitivo de su actividad armada“. Una fecha que recordaremos todos. Un día para guardar en la memoria. Un día para el recuerdo.

Viví dos años en Pamplona. Entre 1998 y 2000. Había estudiado Trabajo Social en Zaragoza y me había matriculado en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) para cursar el segundo ciclo de la licenciatura en Sociología. Cuando llegué, en octubre de 1998, hacía un mes que ETA había declarado una tregua (16 de septiembre de 1998).

Viví en la calle Goroabe, al lado del Parque Tomás Caballero por el que pasaba todos los días para ir al Campus de Arrosadia. Tomás Caballero era un concejal del ayuntamiento de Pamplona asesinado por ETA el 6 de mayo de 1998, pocos meses antes de la tregua y de mi llegada a Pamplona.

Recuerdo mi primer día de clase, con el curso ya empezado, cuando al entrar en el Aulario (en la UPNA las aulas no están ubicadas en las facultades correspondientes sino todas juntas en un gran edificio) me encontré con un largo pasillo empapelado con fotos de presos de ETA. Ese día supe el significado de la expresión tantas veces vista en la tele “Euskal Presoak Euskal Herrira” (‘Presos vascos a Euskal Herria’).

Callejeando los primeros días por el casco histórico de Pamplona (por “lo Viejo” como lo llaman allí), me llamaba la atención la cantidad de ikurriñas y banderas con el lema de los presos que colgaban de numerosos balcones, así como la gran cantidad de pintadas con la expresión abertzale “jo ta ke” (‘dando duro’), las huchas de las gestoras pro-amnistía en determinados bares,… toda la iconografía proetarra que viéndola en primera persona reconozco que me generaba inquietud.

La sociología no es una disciplina neutra, al contrario, es una de las más ideológicas. Esa ideología se da también entre los estudiantes. En clase, eramos pocos los no navarros o vascos, era fácil identificar la ideología de la mayor parte de los compañeros. Por su apariencia externa y por sus opiniones, bien por lo que decían, bien por lo que callaban, tanto en debates en clase como en conversaciones fuera del aula. Tenía compañeros nacionalistas, independentistas, abertzales, simpatizantes de ETA, en una palabra.

A finales de 1999 ETA anunció el fin de la tregua y volvieron los atentados. En 2000 hubo 23 muertos. Después de cada atentado se convocaban concentraciones silenciosas en el Campus, en la explanada entre el Aulario y la Biblioteca. Eran concentraciones dobles: en un lado los que condenábamos el atentado. En en el otro, los que lo justificaban. Situado detrás de una pancarta donde se leía “ETA ez” (‘ETA no’) cruzabas la mirada con compañeros que enfrente se situaban detrás de otra pancarta que decía “Gora Euskadi ta Askatasuna” (‘Viva Euskadi y Libertad’). Minutos después nos sentábamos juntos en la misma aula. Nunca llegué a acostumbrarme a eso.

Tuve una compañera que un día dejo de venir a clase. Al día siguiente en una de las paredes del aula había una enorme pancarta pidiendo la liberación de esta estudiante. Había sido detenida la noche anterior por la policía nacional acusada de pertenecer aun grupo de apoyo a ETA, y trasladada a Madrid donde ingresó en prisión preventiva. En el aula apareció, días después, una segunda pancarta con la dirección de la prisión para que quien quisiera pudiera mandarle mensajes de apoyo. Pasados unos días salió de prisión. Nunca más volvió a clase.

Me licencié en septiembre de 2000 y a finales de año volví a Zaragoza. Unos meses después, el 6 de mayo de 2001, ETA asesinaba en la capital aragonesa a Manuel Giménez Abad, presidente del PP en Aragón y nacido en Pamplona. Exactamente tres años después del asesinato de Tomás Caballero en la capital navarra.

Diez años después sigo viviendo en Zaragoza y ETA ha anunciado su cese definitivo.

Me he acordado de mis sobrinas, Paula de 10 años y Carla de 4, que podrán crecer sin ver en las noticias un nuevo asesinato de ETA.

Adiós ETA, agur ETA. Hasta nunca.

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