explicar y dar explicaciones

Escucho en el programa ‘La Ventana’ de la Cadena SER al ministro de Industria, Miguel Sebastián. Se trata de una entrevista amable, lejos de las preguntas basadas en la crisis actual y en la justificación de las comprometidas medidas tomadas por el Gobierno para afrontarla.

Entre estas preguntas se encuentra la que le hace una niña de 9 años, que le pregunta que qué hace un ministro. En ese momento Sebastián trata de explicar las funciones de un ministro de una manera que lo pueda entender una niña de 9 años. Esta pregunta, tomada como anécdota, le da pie a un colaborador del programa para preguntarle si, teniendo en cuenta que deja la política para volver a la docencia universitaria, resulta más fácil explicar las cosas como profesor que dar explicaciones como ministro. Me ha parecido una pregunta fantástica. Y es que el matiz es fundamental, tanto en la política como en la universidad.

Las cosas se deben explicar antes de hacerlas, y se debe dar explicaciones de por qué se han hecho de la manera que se han hecho. La política suele pecar de ambas cosas. Entre otras cosas a los políticos se les critica que no hacen pedagogía política, que no explican las cosas a los ciudadanos de manera que podamos llegar a entender por que actúan de la manera en que lo hacen. Pero es que, además, les cuesta mucho dar explicaciones de sus actuaciones, y no me refiero a aquellas que sean constitutivas de delito, sino a cualquier tipo de decisión política que nos afecta a todos.

En la universidad, por su parte, a los profesores se les exige que expliquen la materia, pero en ningún caso que de explicaciones de la materia que imparten, basándose en la libertad de cátedra. Al final todo se reduce a una comunicación unidireccional profesor-alumno, de manera que para aprobar el alumno se ve obligado a reproducir la explicación dada por el profesor, pues se supone que esa es la verdad.

En eso se parece la universidad y la política, en el carácter unidireccional de la comunicación entre quien se supone que ostenta la verdad (el político y el profesor) y quien solo es visto como sujeto pasivo de esa verdad (ciudadano y alumno).

Sin embargo, tanto ciudadanos como alumnos debemos exigir no solo que nos expliquen las cosas sino también que nos den explicaciones de las cosas que han hecho.

Es más, sería muy positivo que, tanto políticos como profesores, escuchen también las explicaciones propias de ciudadanos y alumnos de manera que la comunicación sea bidireccional y, por lo tanto, se le pueda denominar verdaderamente comunicación.

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