habla, pueblo, habla

Hay una expresión que (me) gusta mucho que es: “hay verdades, mentiras y estadísticas”. No sé quien es el autor pero me parece muy acertada. Hay tantas interpretaciones de unos mismos datos estadísticos como analistas que los analizan. Y además todos tienen razón y todos están equivocados. Una opinión y la contraria y los datos son los mismos.

Soy de los que contestan cuando me solicitan responder una encuesta. También soy de los que en su trabajo, entre otras cosas, hace encuestas a otros. Una por otra. Me parece lo más justo. Aunque la verdad es que nunca me ha tocado contestar una macroencuesta del CIS o de los grandes institutos demoscópicos que realizan sondeos para partidos políticos o medios de comunicación.

Lo que si hago es leer estas macroencuestas. Supongo que por deformación profesional prefiero ver primero las tablas de resultados, hacer mi propio análisis, y después leer el texto que acompaña a la encuesta, con el análisis y la interpretación del medio de comunicación que presenta la encuesta como noticia.

Hoy he leído el Barómetro de opinión del Consejo General de la Abogacía Española. El eje fundamental del estudio es medir la imagen de los abogados y de la justicia en la sociedad española, pero hay una pregunta que me ha parecido interesante: la confianza ciudadana en los principales grupos sociales e instituciones.

En primer lugar aparecen los científicos, que en 2011 es la primera vez que forman parte de los grupos sociales objeto de análisis, lo que no deja de sorprenderme. ¿Qué lleva a una persona a considerar a los científicos como el colectivo digno de la mayor confianza? Supongo que la gente tiene en mente las investigaciones médicas o las innovaciones tecnológicas que mejoran nuestra vida. Me sorprende todavía más cuando en segundo y tercer lugar aparecen la policía y los militares, que considero lo más opuesto a los científicos que existe. Siempre me acuerdo de una frase de un amigo que hizo la mili y que decía: “donde acaba la lógica empieza el ejercito”. Y no hay ciencia sin lógica.

Algo menos sorprendente pero preocupante es que entre las instituciones menos valoradas aparecen los políticos, los partidos políticos, el Gobierno, las Cortes o los ayuntamientos. No corren buenos tiempos para la política española. Ni ahora ni antes, porque en las ediciones anteriores también ocupaban los puestos bajos de la clasificación. Mal endémico, pues. Más preocupante si cabe.

Y el que tropieza en esta edición es el Rey. Después de ocupar los puestos nobles en las ediciones pasadas, este año se tiene que conformar con un mediocre séptimo puesto. ¡Qué mala pata! No gana para disgustos últimamente. Aunque si aparece a partir de ahora con uniforme militar de mando supremo de las fuerzas armadas seguro que escala posiciones, aunque sea con muletas.

Para terminar, otra frase. Esta dicha por Aaron Levenstein: “Las estadísticas son como los bikinis, lo que revelan es sugerente, pero lo que esconden es vital”.

Esta sí que es una gran verdad.

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