fútbol y política educativa

Hoy, hace exactamente un año, España se proclamaba CAMPEONA DEL MUNDO DE FÚTBOL, así en mayúsculas. Y es que al que le guste el fútbol sabe que no se puede comparar a ningún otro deporte: por repercusión, por influencia, por prestigio y por trascendencia. España ha logrado ser campeona mundial de otros deportes (baloncesto, balonmano o fútbol sala), y de otras disciplinas (motociclismo, fórmula 1, consumo de cocaína, descargas ilegales de internet o paro juvenil), pero en ninguno de esos casos el país lo celebró como cuando Iker levanto la copa del mundo de fútbol.

El de Sudáfrica fue el mundial del pulpo Paul (descanse en paz el cefalópodo futurólogo), de las vuvuzelas (nunca un trozo de plástico había provocado semejante dolor de cabeza sin impactar directamente en ella), del Jabulani (ese balón que hacía más extraños que Zapatero adoptando medidas económicas para salir de la crisis), y, por supuesto, de la gran muestra de amor retransmitida en directo para todo el mundo. Tengo que reconocer que yo me sigo emocionando al ver las imágenes, pero es que ver al gran Camacho en estado de trance, con los ojos cerrados y haciendo movimientos espasmódicos con el micrófono mientras grita “¡Iniesta de mi vida!”, emociona a cualquier español o española de bien.

Este verano, a la espera de la Eurocopa del año que viene, nos tenemos que conformar con la Copa América. Hasta el momento lo más significativo son los palos que se está llevando Messi. En el fútbol los argentinos no se caracterizan por ser especialmente moderados en sus opiniones, así que le están dando hasta en el cielo de la boca (¡cómo me gusta esta expresión!). Es lo que tiene ser el mejor jugador del mundo y además humilde. Yo creo que está sobrevalorado porque casi siempre marca el mismo gol: lleva el balón cosido al pie, regatea a 6 ó 7 rivales y dispara allí donde es imposible que llegué el portero. Así una y otra vez…jugando con el Barcelona porque con la selección no le sale igual y la gente se enfurece. Él parece que ni siente ni padece, y entre sus virtudes tampoco parecen estar las habilidades comunicativas. Yo creo que es porque, sinceramente, en Barcelona (vive allí desde los 12 años) pisó poco las aulas. Vamos, que además del título de campeón del mundo también le debe faltar el título de la ESO. A la gente eso no parece importarle mucho porque todos valoran su humildad. En fin, ya me dirán que harán los padres cuando se encuentren con una situación así:

– Mamá, papá, ¿quiero ser como Messi?

– Cómo, hijo, ¿humilde?

– No, ¡desescolarizado!

Hay que tener cuidado con los modelos sociales que luego vienen los lloros.

Menos mal que la lideresa en Madrid valora la excelencia de sus alumnos,… aunque a la primera no le haya salido del todo bien.

En fin, fútbol y política, tan lejos y tan cerca uno de la otra. A mi el primero me gusta y la segunda me interesa. Me gusta resumirlo con la siguiente frase: El fútbol me gusta pero no me interesa, y la política no me gusta pero me interesa. ¿A qué estábien explicado?… Lo sé.

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